CRÓNICA PLENARIA
Eran las cinco y cuarto de la tarde, mis tripas exigían que algo las llenase con un movimiento continuo, como si quisieran escapar del abdomen que las sostenía. Imaginaba la sopa fría con los fideos ya excesivamente blandos que me esperaban. La lluvia dejaba unos goterones gruesos sobre los cristales cuando caía acompañada de un ligero vientecillo. A esa hora se daba por finalizado un debate eterno sobre la situación económica de la Fundación Virtus.
Habíamos comenzado a las doce con el salón de plenos repleto de personajes ilustres: un senador aquí, un destacado sindicalista allí, el coordinador regional de Izquierda Unida acá, varios diputados regionales… Todos darían buena prueba de entereza y paciencia casi eterna.
Empezó el Alcalde encorsetado en un jersey de pico, cuya abertura apenas dejaba entrever un enorme nudo de corbata. Abusó de la palabrería política hasta aburrir, con un largo y tedioso discurso que incluyó el pasado y el presente de la Fundación, aderezado con lecturas tan estimulantes como los propios estatutos. La concejal - delegada de Virtus le proporcionaba unas carpetas que contenían documentos importantes sobre la Fundación. El Alcalde leía una parte de un acta del Patronato, un acuerdo o una decisión. Se paraba y buscaba entre las carpetas una afirmación con la que refrendar sus palabras. Así durante una hora y cuarenta minutos. Se aburrieron hasta los ilustres personajes, que aguantaron estoicamente semejante catarata de dichos.
Un suspiro colectivo acompañó el final de su discurso. Había tenido que dar muchas explicaciones, pero se sentía orgulloso de su hazaña. Había convertido la ruina en desfase presupuestario, el despilfarro en gastos sin respaldo presupuestario y la falta de control en sensato ejercicio de las competencias estatutarias. Señaló contundentemente, además, a una única culpable: la primera gerente; todo ello, reconociendo internamente que la había felicitado en alguna ocasión por su gestión. Su solo recuerdo le provocaba unos colores que se extendían por su amplia cara.
Sorprendidos ante tanta palabrería, nos costó reaccionar, construir otro discurso político más real y respetuoso con la verdad. No sería fácil, la excepcionalidad que suponía la unión de los concejales de Izquierda Unida y el Partido Popular para pedir responsabilidades por la nefasta gestión en la Fundación, constituía un blanco perfecto para el ataque político sin escrúpulos.
Ante la palabra hueca escuchada, aportamos elevadas dosis de cordura y sentido común. Enlazamos una intervención centrada en los problemas reales de la Fundación, en el conocimiento de sus causas y en la solicitud de responsabilidades. Esfuerzo inútil. El Alcalde rechazó todos los intentos de aclarar, concretar y asumir. Sólo tenía interés en construir una “nueva” Fundación. Debería ser la sabiduría popular quien encontrara las claves que encontrara las causas de la situación económica de la fundación: el despilfarro y la falta de control político sobre la gestión. Un vecino me confesaba en voz baja: “Florentino, en Virtus han tirado con pólvora del rey, sin ningún tipo de control”. Esa sentencia popular quedaría sepultada por el alud de palabras del Alcalde, que no quería reconocer lo que el vecino susurraba y muchos otros compartían.
Eran las cinco y cuarto de la tarde, el secretario accidental, convertido en permanente, advertía de las últimas irregularidades sobre el Pleno extraordinario solicitado por los concejales de Izquierda Unida y Partido Popular. El alcalde, sonriendo, esbozó con desparpajo: “no habéis dado una a derechas”. La interpretación de la norma, una vez más, al servicio del poder.
Un aire húmedo y caliente golpeó nuestro rostro cuando bajábamos las escaleras hacia la plaza. Por el cielo viajaban unas nubes negras que volverían a dejar una lluvia generosa. La Fundación Virtus comenzaba una nueva etapa con los fantasmas del pasado vagando eternamente y clamando por el reconocimiento explícito de su existencia. No era oportuno volver a meditar sobre la distancia que existe entre la realidad y la política. Una merecida comida hacía tiempo que nos esperaba.
Puertollano, 8 de marzo de 2010
Fdo: Florentino López Montero